Por fin llegó el día en que pudimos salir a tomar unos
tragos y con ello aprovechar la
oportunidad de poder desquitar mis ganas de besar a Zvetlana. A pesar de no tener tanto dinero, todos queríamos salir a festejar, pues estábamos felices de haber superado los cursos, además de que seguramente la próxima semana todos tomaríamos un camino distinto dentro del banco. El lugar era el
indicado: un karaoke. Era el momento de comenzar a ser más directos.
Un par de canciones nos bastaron para poder besarnos, fue algo discreto no lo
que yo esperaba, pero sin duda era la confirmación de que me correspondían.
Las cosas cambiaron después de esa noche. Ahora teníamos más
confianza, pienso que más de lo normal. El escarceo erótico comenzó a
molestar a Zvetlana. Penosamente me
enteré por medio de una de sus amigas. Pensé que esto haría que ella se
distanciara de mí, y por supuesto no iba a permitir que esto sucediera. Un día,
camino a nuestras casas, nos sentamos a platicar de forma seria, le planteé las
opciones, y deje clara la intención de querer ser su novio (todo contrario a lo
que siempre he creído: ¡no hacen falta títulos para una relación!). La charla
reveló muchas cosas, pude comprender parte de esos sentimientos de enojo y
tristeza que solía aparentar. Entendí
mejor la situación que vivía, y poco a poco me fui interesando más en ella.
El 2 de noviembre, tuvimos, por primera vez, la
oportunidad de salir solos, así que lo aprovechamos, o por lo menos eso tratamos, pero de 10 fiestas de disfraces no fuimos a ninguna porque Zvetlana no quiso disfrazarse. Fuimos a casa de
mis primas, donde puedo entrar con libertad, pues me dieron un juego de llaves. Decidimos pasar la noche en la azotea del edificio, donde hay muchos cuartos de servicio. Compramos un par de litros de
pulque de piñón, dos botellas de whisky y,
de mezcladores, unos Arizonas de frambuesa, lo suficiente para mis primas, mi novio y yo. Era una reunión cualquiera que solo servía para
embriagarse, y lo conseguimos. Tuvimos, quizá, nuestra primera discusión fuerte,
y nos costó demasiado trabajo tranquilizarnos. Aún estábamos consientes, y la reconciliación
trajo consigo algo de locura. Tuvimos que rodear la zona en donde estaban
todos, fuimos uno por uno para evitar sospecha, y llegamos a una parte donde no
podrían vernos tan fácil. Era el momento de hacerle el amor la chica que tanto
me gustaba.
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