martes, 26 de marzo de 2013

Tanto hacer para poco conservar


Han pasado tantas cosas desde el día en que nos conocimos a la fecha.  Estoy seguro de que esta solo es una ruptura más, pero eso es precisamente lo molesto: saber que todo empieza y todo termina. Es desgastante el proceso de culminar una relación, más cuando en todos los planes, por lo menos a corto plazo,  está involucrada esta persona.
Mi vida ha continuado, y como suele suceder dos semanas o un mes son suficientes para que  desaparezca la ansiedad de buscar a tu ex. Fue complicado al principio. Trabajar en mismo lugar hacía más difícil evadirla. Tal vez lo que más coraje me dio fue el hecho de que no aceptara su amorío con otro.
He recibido muchas cartas de parte de Zvetlana, y ninguna me ha convencido. Todas han tenido un pésimo resultado al tratar de convencerme de que yo estaba equivocado. Recuerdo que una carta me sugería despedirnos haciendo el amor, y casi lo logra, sino es porque, seguramente,  al terminar de hacerlo hubieran llegado los reclamos, insultos, lloriqueos y demás acciones que conducirían del placer al sufrimiento. 

domingo, 17 de marzo de 2013

Bienvenida, mi amor


Por fin llegó el día en que pudimos salir a tomar unos tragos y con ello aprovechar la oportunidad de poder desquitar mis ganas de besar a Zvetlana. A pesar de no tener tanto dinero, todos queríamos salir a festejar, pues estábamos felices de haber superado los cursos, además de que seguramente la próxima semana todos tomaríamos un camino distinto dentro del banco. El lugar era el indicado: un karaoke. Era el momento de comenzar a ser más directos. Un par de canciones nos bastaron para poder besarnos, fue algo discreto no lo que yo esperaba, pero sin duda era la confirmación de que me correspondían.
Las cosas cambiaron después de esa noche. Ahora teníamos más confianza, pienso que más de lo normal. El escarceo erótico comenzó a molestar a Zvetlana. Penosamente  me enteré por medio de una de sus amigas. Pensé que esto haría que ella se distanciara de mí, y por supuesto no iba a permitir que esto sucediera. Un día, camino a nuestras casas, nos sentamos a platicar de forma seria, le planteé las opciones, y deje clara la intención de querer ser su novio (todo contrario a lo que siempre he creído: ¡no hacen falta títulos para una relación!). La charla reveló muchas cosas, pude comprender parte de esos sentimientos de enojo y tristeza que solía aparentar.  Entendí mejor la situación que vivía, y poco a poco me fui interesando más en ella.
El 2 de noviembre, tuvimos, por primera vez, la oportunidad de salir solos, así que lo aprovechamos, o por lo menos eso tratamos, pero de 10 fiestas de disfraces no fuimos a ninguna porque Zvetlana no quiso disfrazarse. Fuimos a casa de mis primas, donde puedo entrar con libertad, pues me dieron un juego de llaves. Decidimos pasar la noche en la azotea del edificio, donde hay muchos cuartos de servicio. Compramos un par de litros de pulque de piñón, dos botellas de whisky y, de mezcladores, unos Arizonas de frambuesa, lo suficiente para mis primas, mi novio y yo.  Era una reunión cualquiera que solo servía para embriagarse, y lo conseguimos. Tuvimos, quizá, nuestra primera discusión fuerte, y nos costó demasiado trabajo tranquilizarnos. Aún estábamos consientes, y la reconciliación trajo consigo algo de locura. Tuvimos que rodear la zona en donde estaban todos, fuimos uno por uno para evitar sospecha, y llegamos a una parte donde no podrían vernos tan fácil. Era el momento de hacerle el amor la chica que tanto me gustaba.      

jueves, 14 de marzo de 2013

Simplemente, gracias


Hoy, 11 de marzo, dedico este capítulo a la persona que me enseño a vivir de forma feliz: mi abuela.
Hace cuatro años que murió, y no he superado aún su perdida. Ella siempre fue el sostén y pilar de nuestra familia. Estoy seguro de que no había persona más importante, claro después de mis padres. Graciela Castro fue enfermera en el Instituto Nacional de Cancerología, y ejerció su profesión, aproximadamente, durante 30 años. Sé dedicó a atender a enfermos de cáncer en fase terminal, y, lamentablemente, por la exposición que se tiene a la radiación ella murió por la misma causa. Nunca dudó en mencionarnos que ella no sé arrepentía de nada, ella estaba completa con su trabajo, y como muestra de ello, después de jubilarse aún acudía. Se hizo de muchos y grandes amigos. Caminar con ella por el hospital era un poco cansado porque todo el personal la conocía y con todos se quedaba a platicar. Lo mismo era con los enfermos y sus familiares, pues de todo el mundo se hacía amigo. Es tan difícil recordarla sin que salga una lágrima. Creo que jamás pasare las fiestas decembrina como cuando ella estaba. Era hermoso ver un árbol lleno de regalos, más cuando somos una familia de clase media baja. Los regalos nos emocionaban tanto, pues casi todos venían de ella      

lunes, 4 de marzo de 2013

Malditos tacones


Siempre supe que tener una relación en el trabajo podía ser un gran problema, aunque por más que intente que todo quedara en un simple coqueteo, las cosas se salieron de mi control.
Recuerdo haberla visto llegar a la entrevista de trabajo, en donde la conocí, al mismo tiempo que yo. He de aceptar que quede  sorprendido por lo alta que se veía, pero claro que unos tacones de siete o diez centímetros son de mucha ayuda para mujeres bajitas, además yo no puedo presumir ser un hombre alto. Vestía un pantalón de mezclilla claro, y una blusa con un escote pronunciado (para mí una vestimenta poco apropiada para la ocasión). Su cabello era negro al igual que sus ojos, sinceramente lo primero que se nota es su bien formado cuerpo, pero es cuando mire su cara el momento que quede fascinado. Parecía estar un poco nerviosa, y su acompañante, de perfil bajo, hizo acordarme de la primera vez que pedí trabajo ¡a los 15 años! No paso nada más esa vez, pero toda la semana en que estuve esperando la llamada del trabajo tenía ansia de ver de nuevo a esa chica. La llamada entro, y me anunciaron el visto bueno a mi proceso de selección. 
El primer día de trabajo me entusiasmaba, y trate de acudir muy arreglado. Ya en la sala de capacitación fui a sentarme a un lado de un viejo amigo. Mantuvimos una charla, poco interesante, cuando de pronto llego la mujer a la que tanto esperaba ver, y para terminar de alegrarme el día, su bolsa estaba  en el asiento de a un lado. El olor de su perfume hacía erizar mi piel, creo que comenzaba a enloquecer por ella. Trataba se parecer indiferente, pero es muy difícil engañar a las mujeres, más cuando en realidad lo único que quieres es que se dé cuenta de que estas ahí. Todos los días del curso su mayor problema, los sistemas del banco,  se convirtió en mi mejor oportunidad  de conocerla. Cada vez fue más evidente mi acechamiento, por suerte ella también quito toda defensa, y pronto nos dejamos claro que entre los dos pasaría algo interesante, solo con el tiempo comprenderíamos la magnitud de lo que estaba comenzando.