Estoy
seguro de que todos hemos pensado en nuestra reacción al ver que tu pareja se
esta besando con otra persona, aunque siendo sincero, nunca imagine que a mí
me pasaría. Siempre creí que correría enfurecido a golpear a quien tuviera en sus brazos a mi novia, y haría una cara de total desprecio a quien me
ha traicionado. ¡Oh, sorpresa! No paso nada de eso, inclusive casi podría ser
cierto decir que no paso nada al menos durante treinta segundos. Me quede observando
cómo se despedían de forma tan cariñosa, sentí una gran tristeza, no podía creer
que fuera real, quería pensar que “no era lo que parecía”. De pronto comencé a
sentir que los huesos de mis manos se contraían, no tenía mucha fuerza, me empezaba
a faltar el aire y sabía que pronto caería al suelo, así que tuve que
retroceder y alejarme a un lugar en donde no fueran a percatarse de mi presencia.
A un costado de un altar a la
Virgen, permanecí sentado por un poco más de diez minutos, cuando de pronto vi
bajar por las escaleras del edificio a quien yo creía era el tercero en esta
relación. Él siguió caminando con una gran sonrisa marcada en su rostro hasta
que paso, aproximadamente a dos metros de distancia de donde me encontraba. Se
quedo parado, observándome. Otra vez no supe qué hacer, creía que me había reconocido,
pero por lo contrario parecía intrigado por verme. Se acerco lentamente a verme
─quizá solo dio dos pasos, pero recuerdo que en todo este embrollo cada maldito
segundo parecía prolongarse por lo menos veinte veces más─ y me dirigió unas palabra: no estés triste, verás que todo se
solucionara y pronto borraras este día de tu mente. Después de haberlo
dicho, se marcho. Quede atónito, tenía claro que el tampoco me conocía y que
seguramente el también era engañado por esa “dulce niña”.
Ya en el trabajo, después de haber
partido de aquel lugar, no tuve más que fingir que todo estaba bien. Era difícil concentrarme
en cada llamada que hacía, cada colombiano al que yo atendía era maltratado con
cada palabra que yo le decía. Sabía que estaba haciendo mal, pero en ese
momento no me importaba poner en riesgo mi trabajo. Mi compañero se dio cuenta
de que no estaba bien, y comenzó a platicar conmigo para que pudiera relajarme.
Fue entonces cuando llego Zvetlana con una rosa y una tarjeta en la mano, la
dejo en mi lugar, me beso la frente y fue a sentarse en su lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario